Vestigios

#19

Me pongo la serpiente en el pecho

Para que esta piel de pétalos marchitos se desprenda más rápido


Ya no quiero regresar bajo los sauces

Enclaustrado en la ciudad de los ángeles

 

Yo no quiero que la piel se me calcine

En fugaz incendio

Con la purificación el grito

La sangre me está hirviendo

 

Las almas del parque me ven fundirme al pasto caliente

Tal vez se hagan la misma pregunta que tú, mi amor

Si acercarme y abrazarme

O más bien dejarme arder para que los cueros se me endurezcan

Quizá al fin y al cabo no es insensatez

 

Particular dolor de la muerte sorpresiva

 

Aquí yace un dolor enclaustrado

Un velorio inexistente

Una partida repentina como la del profesor hace unos meses

 

Me está ardiendo el abrazo traumático

Porque me oliste el cuello

Porque impune me dejaste solo

 

 

Me estoy quemando en esta ciudad tan seca

Tosca y yo casi inmigrante

Tú ya te pierdes en los pedales nuevos

 El parque está oscuro y yo no quiero llegar a la luz de los faroles

Que me vean y se asusten

Que escondan a sus niñxs mientras a lo lejos me den una limosna en palabras

Que por el trauma no alcanzaré a oír.

 

 

 

#20

La sensación aún sin nombre de no poder gritar en la pesadilla ante el impacto terrible,

Me recuerda a la sensación de no saber como vomita en la hoja vacía

la desolación que siento de no poder describir

la falta de caricia entre medio de la guerra con el crayón rojo que olvidaste el otro día

O más bien, la sin más necesidad de aquella

 

Me recuerda el temblor sutil de la mano

El gesto que reciente

El grito ausente

El afecto carente

Entre la tinta que se expande porque no me aguanté llorando

Entre los gatos que huelen el aroma líquido de tinta y sal de lagrimal

Entre medio de los impactos sonoros de las palabras filo cuchilla que la ciudadanía se grita

 

Si puedo elegir el lugar de la herida

¿Por qué no

O cómo no

Puedo elegir el trauma?

 

Ya no quiero recorrer estas cicatrices con forma de país

Ya no quiero saltar estas grietas con forma de país

 

Yo quiero ahora saber cómo hacerlas

Yo quiero ahora elegir la persona responsable de hacerlas

Yo quiero ahora

Por fin ahora nunca

Recuperar la maquinaria de mi deseo

 

#21

Los campos de girasoles arden 

Las praderas parecen inocentes  

¿Quién de lxs dos regó  

los pétalos con bencina?  

 

Me ronroneó aquel día  

en que se derrumbó el escenario  

Aquel que tu familia armó a medias para todas las granjas vecinas  

 

Al desplome más la mitad  

Intoxicados por la humarada desprendida de las insulsas palabras  

De las tablas que cedieron  

¿Quién fue la persona que martilló con los clavos oxidados que no eran suyos?  

 

Devenir fraternidades sepultadas en fotografías enmarcadas y poemas que nunca leíste  

Los mandatos divinos – que aparecen por si no más- te lo memorizas  

Sin amor del cual ya no crees 

Quiero ser el aprendiz del no- afecto  

 

 

Hay una tierra fértil a la vulnerabilidad y yo no seré quien la niegue  

Tampoco seré quien se absorba en sí mismo 

Los agujeros negros de mi gato ya lo hacen y estoy dispuesto a ese devenir  

Vulnerabilidad es fruto y oportunidad 

Vulnerabilidad maldita será cuando no sea mi arsenal de armas 

 

Ya no me está sirviendo escapar de la capital habitacional departamental 

Ir al sur y rezar 

ni al mar, ni al bosque ni a la montaña  

Más bien me intoxico de cierta fragilidad familiar reprimida  

 

No voy a darme la vuelta 

Que primero se ladee el barco y me devoren las olas 

 

Las maldiciones se irán 

                                    quizá 

No las yagas  

 

Ya no queda tiempo  

Miro lo meteoritos y las explosiones al otro lado del mar 

Miro el bombardeo de tus ojos reventados

Me quedaré

A llanto y sangre

Para que los recuerdos sean recuerdos y no más que meros recuerdos

No fantasmas

No almas en pena

 

 

#22

En la capital, un fantasma se monta en los muebles de mi casa y entra a mi habitación sin mi permiso. Amanece ahí, al lado mío. Mi gato lo distrae, me da el pase para yo romper el ventanal y lanzarme.

 


#23

Pintamos una tragedia en un cuadro eterno. Era la belleza de la pena. Era como tener zorzales encerrados en el pecho que manteníamos ahí porque, en el hogar, se veía hermoso. Devenir colapso. Incendio. La flora se quemó completa por los eternos días, pero que nadie percató por lo fuegos artificiales de nuestra cruzada amorosa y, según nosotros, heroica. Explotó el volcán entre medio del océano y las marejadas llegaron a mi plexo isla.

Inundado, flotante. La salvación es agresiva, torrentosa. Sin embargo, ahora floto



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