Carta al ex- amor

Y si me pierdo al partir,

es porque nunca supe.

 

Santiago de Chile.

Marzo, marzo tu espalda, tu espalda bailando, tus dedos al cielo, tu risa extraña, tu risa grito. Te tapas la boca, con eso cambiaste el foco, el foco tus ojos, tus ojos negros y miel al sol. Sol tu pelo, sol tu alma, sol tu esencia ¿Cómo será tanto, digo yo? Déjate de actuar, aquello no existe. Pero si fuera verdad, tú eres norte y yo soy sur; sur nublado, sur lluvioso, intervalos parciales. Eres otra tierra, tierra muy distinta, por eso los extremos, los extremos de la sala, tu para allá y yo para acá.

Ya a las semanas miro una y dos veces, miro tres, otra más y te hubieses dado cuenta. Tus poleritas cortitas, tus poleritas cortadas, pétreo entero, suspiro al techo, me rio al suelo, a las tablas pienso en tu trapecio, tu trapecio tobogán; de mis manos sería tobogán, de mis labios y para que decir más.

Abril y tu torso, tu torso mano, el manto que quiero, me saludas más seguido, y tu olor queda, me queda pegado, no en la ropa, sino en el recuerdo instantáneo, en la memoria forzada. Tu perfume en la barba, en los montes de tu cuello, en tus clavículas puente.

Beso en la mejilla, ay dame otro

¿Por qué no me dai otro? (En mi adentro)

Amigo, dame un abrazo

Amigo, estoy drogado

Quédate un poquito, quédate más cerca.

Tú solo te ríes con tus mejillas rojas, yo te miro el pelo, el pelo corto y turro, Turro de Ñuñoa, límite con La Reina. Veo las grietas en tus labios, mi lengua jugaría en un laberinto.

31 de mayo, te colaste a la mesa, pensé que no vendrías. Avisas no poder volver a tu casa, pero, compañero, no te preocupes, para eso estamos.

Negro.

Luces, siluetas negras, nosotros al medio.

Tú al frente, tu cuerpo contraste, tu cuerpo bailando, yo miro la hora. Ofrezco que nos vayamos pronto, y los minutos fueron horas.

Torre 5, piso 22, te acuestas en mi cama, tu a la pared y yo a la puerta. Es ahí donde nos cubrimos y una tormenta ocurre en mis sábanas blancas, nos da la corriente, la corriente por el roce de piernas inquietas, de piernas con pelos negros que se hace los machos. Mis mejillas se incendian, la almohada se me es incómoda mientras veo tu espalda y tu cabeza de pelos claros. Me muerdo el labio porque me inundaron las dudas, y cómo no, si yo ahí me vi en la misma borda y abajo las mareas danzaban bravas, así como tú entre las murallas negras del atípico salón de clases. Entonces te pregunto si estás durmiendo y yo me lanzo al vacío azul, lanzas un sonido y yo ahí cierro los ojos, te das vuelta y yo aguanto la respiración.

Estás al frente…y yo nunca tuve un padre que me enseñara a nadar.

 

Y los meses fueron aves,

Y yo me creí llanero perdido…

…y tú tan al lado compañero.

 

Sur de Chile.

Orillas del río Rucúe, fogata al frente. Me rio de lo ebrio, de estar, de estar presente. De tener, tenerte en mis brazos como nunca imaginé. Tu solo hablas, pero tus palabras se me difuminan. Te miro las polcas negras, la nariz redonda y la barba dibujada de tus mejillas iluminadas por el fuego. Se me humedecen los ojos, y yo no quiero que caigan. Pero si caen, no habrá sido de pena, sino de la dicha indescriptible que nunca escribí.

Indescriptible las sensaciones, el grito de mi cuerpo.

Bombeo sin freno, me sonríes y desprendo.

Desprendo en paz.

En el Santiago oscuro, desde mi pieza viajé de luz en luz, de torre en torre y de marco en marco. Y ahora, si no repito el mismo trayecto tomándote la mano, nos quedaremos solo ahí. Cerrarás los ojos, apagaré las luces y el viaje será ahí mismo, entre tu cuerpo y el mío, en el sexo fugaz y eterno, en los besos y en los movimientos fluidos de la vulnerabilidad de nuestros cuerpos.

Inevitable será el vuelo, mi amor.




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Escrito en marzo de 2019.

Nikolas Lagos Concha
Estudiante de Actuación Teatral
Universidad de Chile

Los Ángeles, Chile.







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Director: Wong Kar-wai